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Reseña literaria:
Nada es estático; los cambios son recurrentes y, con ellos, se nos presenta una bifurcación de caminos en la que debemos elegir. En esas decisiones se ponen en tela de juicio los valores y las enseñanzas, tomamos decisiones que nos conducen hacia lo impredecible, porque así es la cotidianidad: un cimiento construido día a día, pero con ventanales abiertos hacia otros escenarios posibles.
Los prejuicios forman una parte central del cuento, pues creemos saber lo que ocurrirá a partir de pequeñas pistas conocidas y, como lectores, nos anticipamos a la historia. Sin embargo, esa anticipación también revela nuestras propias ideas previas.
Asimismo, se realza el amor familiar como núcleo detonante, así como la importancia de la comunicación. Es necesario que los hijos, aun siendo pequeños, sepan cuándo el padre o la madre se ausentan del hogar, para evitar vacíos, dudas e incertidumbre.
También se presenta el cuidado y amor hacia la abuela, quien, al ser una persona mayor, requiere atención, especialmente cuando su salud se ve mermada.
Finalmente, las bellas ilustraciones permiten ampliar la imaginación. El bosque es una metáfora que contrasta los colores: los blancos y negros generan un marco que habla por sí mismo, representando el miedo, la soledad y otros sentimientos profundos.
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